Como si de un mandato directo de Esperanza Aguirre se tratase, al hilo de su pretensión de convertir a los/as maestros/as en simples guardianes, la cadena conservadora Antena 3 televisión saca a la luz, para regocijo de nostalgicos/as, ultraderechistas de nueva(s) generación(es) y sadomasoquistas reprimidos/as del Opus Dei, un nuevo “reality show” llamado “clase del 63”. En este programa se hace el “experimento sociológico” de ver como reaccionarían chavales/as de ahora en una clase de 63.
Dejemos de lado que esto podría, según la interpretación que hagamos, ser delito según la Ley de Memoria Histórica por hacer apología del franquismo. Obviando eso, que es subjetivo, este programa me parece un insulto a pedagogos/as y educadores/as como Manuel Bartolomé Cossio (uno de los padres de la Institución Libre de Enseñanza), Paulo Freire (Padre de la Pedagogía de la Liberación), Concha Castaño Casaseca (una de las fundadoras de la Pandeia, ejemplo de educación libertaria), o más recientemente el Padre Javier (uno de los coordinadores de los Proyectos socioeducativos de la Parroquia de San Carlos Borromeo, en el barrio de Entrevías, Madrid).
Seguramente, todos/as los/as profesionales mencionados/as anteriormente, nos dirían que el refuerzo positivo es mucho mejor que el castigo, que la educación es liberación y no adiestramiento y represión, que la violencia es estructural, que la mejor solución es trabajar la responsabilidad y miles de argumentos de peso en los que no voy a entrar ahora. Lo importante es lo que harían después, ¿ir al cine a ver la última de la Coixet, para poder decir que se visto en todo encuentro social?, ¿irse de cena con los/as amigos/as?, ¿irse de acampada a ver las flores silvestres?, ¿irse a un con cierto?; pues no, harían dos cosas, dos simples y sencillas cosas: apagar la tele y ponerse a trabajar con vocación y entrega a sus educandos/as.
Pero aterricemos con un ejemplo en Burgos.
El otro día, escuché a futuras pedagogas y actuales maestras, quejarse amargamente de la violencia en las aulas y defender a capa y espada las medidas de Esperanza Aguirre. Al día siguiente, llevado por mi afán de satisfacer mi curiosidad, me metí en la página web de la radio digital Onda Expansiva y escuché una entrevista a Oscar Caballero, de la Asociación de ayuda a chicos/as en exclusión Saltando Charcos, criticando esa misma medida. Teniendo en cuenta en que consiste el trabajo de uno y de otras y el tipo de chavales/as con los que trabaja cada cual yo me pregunto, ¿quién es mejor profesional?, ¿quién está tirando balones fuera sin aceptar sus propias responsabilidades?
En definitiva, la educación empieza por saber porque se está donde se está, el respeto y el conocimiento de uno mismo y de tus educandos/as. Educar es escucharse a uno mismo para poder escuchar a quienes educamos. A partir de ahí podremos reclamar a los demás.
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